RESPIRAR EN MITAD DEL MIEDO
Nada más salir de la consulta hablé con mi jefa entre sollozos y afronté el trago más amargo: contar la verdad a mi familia, rompiéndoles el corazón mientras sostenía el mío.
En la primera cita con la oncóloga le pusimos nombre al miedo: carcinoma en el pecho izquierdo con afectación en los ganglios axilares izquierdos.
La estrategia médica quedó trazada en tres fases: primero quimioterapia, luego cirugía y finalmente radioterapia.
Comenzó así un maratón de 20 días de pruebas sin tregua. En una de las resonancias saltó una imagen en el hueso de la pelvis que nos encogió el alma; tuvieron que repetir la prueba para descartar metástasis. Fueron días de un miedo absoluto y sordo, hasta que por fin se confirmó que el hueso no estaba afectado y todo quedó en un espantoso susto.
Entre prueba y prueba, en las salas de espera, escuchaba a Kings of Convenience en el oído derecho para acordarme de respirar.
Me miraba en cada espejo pensando " no me veo enferma... Tengo cáncer??? Como puede ser.."
Justo antes de empezar el tratamiento, la oncóloga abrió una puerta que no esperaba: me derivaron a la Unidad de Reproducción Asistida para ofrecerme congelar mis óvulos y preservar la fertilidad.
Empezando Un tratamiento intensivo para conseguir el mayor número de óvulos Posible.
En aquel momento mi pareja era mayor que yo y él ya era padre. Pero decidí acceder y vitrificar esos óvulos centrándome únicamente en mí: al fin y al cabo, a eso vino el cáncer, a enseñarme quién soy, qué quiero y a ponerme por primera vez en el centro de mi propia vida.
(Un melón enorme del que hablaremos más adelante…)
Tenía por delante 16 sesiones de quimioterapia (4 de las llamadas "rojas" y 12 semanales). El cuerpo aún no lo sabía, pero mi mente ya se vestía de calavera.
(Continuará...)


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